Ex-alcalde de La Seu d'Urgell

Joan Ganyet Solé

“No debemos encerrarnos a los estrictos límites del territorio municipal”.

“Los responsables que gestionan esta ciudad, sea cual sea, tienen que ser los primeros interesados en que la cosa funcione. Y deben compartir y hacer compartir esta inquietud y esta ilusión con los ciudadanos”.

Lunes, 19 de Septiembre de 2011
Dice la tradición que La Seu d'Urgell fue fundada por Hércules el Egipcio del año 1699 antes de Cristo mientras pasaba unas vacaciones en los Pirineos. Sea como sea, su origen es antiquísimo, y ciertamente es otro motivo de orgullo de esta ciudad, capital del Alt Urgell, cabeza del partido judicial de La Seu d'Urgell, sede del Obispado del mismo nombre y antiguo jefe del Condado de Urgell. Con 13.000 habitantes esparcidos por 15 km2, y una historia que no se le acaba, el municipio es la puerta al estado de Andorra, con todo lo que significa de actividad económica. Hoy entrevistamos a uno de sus ex Alcaldes, Joan Ganyet.

“Pocas cosas hay que sean tan bonitas cómo ser regidor o alcalde de tu ciudad. Pero hace falta que haya un proyecto detrás: un alcalde sin objetivos puede ser algo muy peligroso, porque se trabaja sin planificar”.

“Estar al frente de un gobierno municipal en varias legislaturas te permite llevar a cabo un programa que puedes desarrollar. Si dispones sólo de cuatro años, todo es demasiado justo, no hay tiempo”.

“Los responsables que gestionan esta ciudad, sea cual sea, tienen que ser los primeros interesados en que la cosa funcione. Y tienen que compartir y hacer compartir esta desazón y esta ilusión con los ciudadanos”.

 

Siendo alcalde de una ciudad como La Seu d’Urgell, donde convergen muchos factores (históricos, económicos, transfronterizos) han sido todo un reto
Sí, pero ha sido maravilloso porque creo que hay pocas cosas que son tan hermosas como ser concejal o alcalde de la ciudad, especialmente si hay un proyecto en la parte posterior. Y esto es esencial: un alcalde sin objetivos puede ser algo muy peligroso, porque funciona sin planificación. Así que los responsables que administran esta ciudad tienen que ser los primeros interesados en que la cosa funcione.  I deben compartir esta preocupación y este entusiasmo con los ciudadanos.

Y del tema transfronterizo ¿qué me dice?
La experiencia no deja de ser muy interesante, y más cuando consideras que Cataluña no es una isla, es decir que las relaciones con los vecinos está bien que existan. En este sentido, abogan por marcar unos límites políticos, pero que las carreteras continúen tras alcanzar estos límites, para entendernos.

De hecho, la posición de la Seu como un lugar trasfronterizo viene de muchos años
Sí, nuestros abuelos y bisabuelos al desplazarse a pie tenían un gran contacto con la gente de la pendiente norte de lo Pirineos. Es por eso que con una amplia visión de la geografía, para una persona de la Seu d' Urgell y otros de los Pirineos, hay dos ciudades cercanas: Barcelona y Toulouse.

¿Y no todo el mundo lo ve así?
No, hay gente que se cierra queriendo tener sólo relaciones con el sur, y prescinden voluntariamente del 50% de su territorio, que es el norteño. Y pienso que no es lo correcto. Cuando estaba como Alcalde, aprovechamos para salir adelante con una comunión de intereses muy claros con el Presidente Pujol, el que entonces era el alcalde de Barcelona, Pascual Maragall, y el alcalde de Tolosa, un conjunto de elementos que pudieran interesar a un montón de territorios fueran franceses, catalanes, aragoneses, vascos, y andorranos. Y es que cuando se dispone de estos elementos, hay que aprovecharlos y abrirlos a todas las posibilidades, sean económicas, culturales, o sociales.

Todo esto es muy bonito, pero hay que tener en cuenta que el idioma todavía representa una barrera muy importante
Es cierto, hay unas inercias que son difíciles de romper. Ahora bien, la comunidad de trabajo de los Pirineos, precisamente en la etapa que tuve la suerte de ser el Secretario General, se constituyó en la autoridad de gestión de los fondos comunitarios dirigidos en los Pirineos. Y esto tenía una relación muy directa con la ciudadanía porque las iniciativas de inversión, los proyectos transfronterizos que se presentaban a Bruselas tenían una incidencia socioeconómica clara.

Y se trata de ir avanzando, ¿verdad?
Evidentemente. Lo importante es que no tenemos que desfallecer, porque de alguna manera se construye Europa. Por ejemplo, la permanencia de la lengua inglesa en detrimento del francés hace que, a veces, vecinos de un lado y el otro de la frontera utilicen el inglés para comunicarse, y esto es una barbaridad, cuando quizás distan 5 kilómetros de un lado al otro.

Volvemos a la Sede. ¿Qué cosas son las que guarda más buen recuerdo?
Primero, el urbanismo, evidentemente. De aquí se deriva la calidad de vida de los ciudadanos, las capacidades de desarrollo armónico de la población, y muchos otros temas. Nosotros tuvimos la suerte en 80 de poder presentar a la aprobación de la Generalitat de Cataluña, que se acababa de constituir, el primer plan general de urbanismo y hay que decir que en aquel momento había un sector de la población que ponía en duda, el hecho que hubiera espacios verdes dentro de la ciudad. Imagínese si han cambiado las cosas.

Aprobar aquel plan debía de poner unas bases muy sólidas
Sí, porque además se había adaptado uno del año 1927 y esta coherencia que resultó hizo que la Sede se haya desarrollado ordenadamente. Cabe decir que detrás también ha habido una tarea pedagógica bastante importante por parte de los responsables municipales, y a la revisión del 2003, por ejemplo, nadie puso en duda ningún espacio verde.

Más motivos de satisfacción
La experiencia olímpica: trajimos una prueba de competición al Pirineo y creo que el mérito fue que en una subsede tan alejada se pudiera vivir todo ello con tanto entusiasmo. Se remodelaron terrenos agrarios y se pudo hacer un gran parque olímpico con agua, de forma que ha quedado un espacio para los ciudadanos, donde ahora hay actividad deportiva y donde se organizan actividades internacionales. Y que además, se autofinancia.

¿Algún otro hito del que se sienta orgulloso?
Pues mire, la colaboración y cooperación con otros ayuntamientos, los valles del Pirineo y los municipios en general. Cómo decía, es muy importante no cerrarse en los límites estrictos del territorio municipal, y por eso hacia los años 80 se hizo un sistema de recogida y tratamiento de residuos sólidos y urbanos, que incluyó la construcción del primer vertedero controlado en un área de montaña del Estado español. En aquel momento fue una novedad.

Pues debió de ser un gran qué
Y se constituyó la mancomunidad de Esquí-nórdico con otros municipios vecinos (Cerdaña, Alt Urgell...) para hacerlas trabajar en conjunto y promover el respeto por el medio ambiente. Y no podemos olvidar la promoción cultural, aspecto que también parece muy importante. Se crearon los cursos de verano de estudios pirenaicos y también por primera vez, un curso de verano especializado en temas de montaña en la que participaron todas las universidades públicas de Cataluña.

Puede estar muy orgulloso de su etapa política. No pensó en todo esto, cuando empezó
Pues sí. Yo estuve cuatro años de teniente de alcalde, y veinte años de alcalde. Estar varias legislaturas te permite llevar a cabo un programa que puedes desarrollar. Si dispones sólo de una legislatura, todo es demasiado justo, no hay tiempo. Por eso soy muy crítico con el sistema electoral actual: soy mucho más partidario del francés, no tanto de los seis años de legislatura, si no de el que tiene más votos, gobierna.

¿Qué echo le llevó a la política?
Pues algo tan sencillo como el amor por la ciudad. Yo hacía de arquitecto, pero me parecía que se podían hacer muchas cosas para transformarla. Está claro que todo era muy diferente. Además, ha cambiado mucho y rápidamente. Y la actitud también es diferente: antes se presuponía un bagaje de ilusión y ahora sólo el ejercicio de la crítica.

Aún así ¿piensa que ha valido la pena el sacrificio?
Absolutamente sí. Sin dirigentes, la sociedad no puede avanzar, del mismo modo que las empresas sin directivos se encontrarían en la misma situación de no saber donde ir.

Pero por el camino se pierden cosas y se ganan otras. ¿Ha perdido amigos?
No, pienso que el balance es muy positivo. Esto depende del talante de cada cual y sólo en política, está claro. Yo enemigos no sé si tengo, pero amigos le aseguro que tengo bastantes. O así lo creo.

¿Hay vida después de la política?
Sí, evidentemente. Hay un mundo muy interesante y una experiencia extraordinaria, más allá del servicio al ciudadano. A mí por ejemplo, me gusta mucho leer los clásicos y esa sabiduría que está en la experiencia se acoge muy bien. Así que el retiro es positivo, sí.

¿A que se dedica, ahora?
Después de 31 años seguidos dedicados a la Administración pública, estoy en unos meses sabáticos, que considero de lo más saludables y que me permiten dedicarme al binomio naturaleza-cultura, que para mí es esencial.

Y ¿cómo ve la crisis?
Creo que lo que diré es políticamente incorrecto, pero pienso que podría ser mucho más dura y a veces exageramos. Funcionan los transportes públicos, las escuelas se abren, y todo, con más o menos precariedad, acaba funcionando. Así que se tiene que aprovechar la crisis, que hace sufrir a mucha gente por otro lado, pero para cambiar y mejorar. Pero si sólo se espera que se acabe, mal.

Y en este sentido ¿cuál cree que tiene que ser el papel de las administraciones?
La sobriedad, sin duda. Pero también ser ambiciosos para su ciudad. Y que en todo haya una coherencia.