António Costa

Palpar la calle

“Un alcalde no debe perder el contacto con la realidad”

António Costa asegura que un alcalde no es una figura que esté sólo reunida con otros políticos, porque si sólo habla con ellos se pierde algo esencial, que es llegar a todo el mundo.

Lunes, 30 de Marzo de 2009
La expresión “tan lejos, tan cerca” resulta muy ajustada para hablar de nuestros vecinos, los portugueses. Compañeros del llamado “Siglo de Oro”, a caballo entre los siglos XVI y XVII, las relaciones entre los dos países se estrecharon hace casi cuarenta años, cuando el incruento fin de la dictadura de Oliveira Salazar (la famosa “revolución de los claveles”) quiso ser un modelo para lo que pasaba en nuestro país, con un régimen franquista agonizante. Su capital, Lisboa, es su mayor ciudad, con más de medio millón de habitantes y un PIB per cápita superior a la media europea.
“Cuando se es alcalde, uno lo es las veinticuatro horas del día. Y no importa que sea un municipio grande o pequeño. Si la política es algo vocacional, como ha sido mi caso, uno está pensando constantemente en aquello que puede hacer para mejorar”

“Lisboa es hoy una ciudad cosmopolita, una gran capital intercultural, abierta y tolerante, con una múltiple oferta cultural, que ha sabido aprovechar su notable patrimonio para venderlo de la mejor manera posible”

“Queremos que todos disfruten de la ciudad como algo propio, algo suyo. Y que además haya calidad. Y eso será lo que provocará que los ciudadanos vuelvan a creer en una ciudad de la que pueden estar muy orgullosos de pertenecer”

Usted es hijo de la Revolución de los Claveles, y por tanto supongo que su vocación política debió nacer por aquel entonces.
Si, mis padres, y muchos de sus amigos, eran personas que tenían una conciencia política, y ya antes del 25 de Abril del 74, la fecha del levantamiento militar que acabó con la dictadura salazarista. Después de la revolución, y siendo todavía un adolescente, me involucré en política a través de la Juventud Socialista, donde me inscribí con 14 años. Eran sin duda otros tiempos, pero sí, la política ha formado parte siempre de mi vida.

¿Y cuáles son los cambios que ha sufrido Lisboa desde 1974?
Creo que han sido muchos. Y no sólo cambios políticos, también de mentalidad, cambios substanciales, que influyeron por todo lo que pasó en el país en aquellos años. Creo que Lisboa, hoy en día, es una ciudad cosmopolita, una gran capital intercultural, abierta y tolerante, con una múltiple oferta cultural que atrae a millones de turistas procedentes de Europa y que ha sabido aprovechar su notable patrimonio para venderlo de la mejor manera posible. Tenemos muy en cuenta nuestro pasado, y pertenecemos a una ciudad que preserva su historia, y está muy orgullosa de ella, pero también mira para el futuro.

Bien, ¿Y cómo es el día a día del alcalde de una ciudad como Lisboa?

Cuando se es alcalde, uno lo es las 24 horas del día. Y no importa que sea un municipio grande o pequeño. Si la política es algo vocacional, como ha sido mi caso, uno está pensando constantemente en aquello que puede hacer para mejorar aquello que tiene a su cargo. En mi caso personal, no le exagero si le digo que el día debería ser desdoblado en dos para poder hacer todo el trabajo que hay.

Vaya.
Sí, porque además de la representación institucional, que quizá es la más vistosa, no podemos olvidar todo lo que hay detrás. Y en mi caso, es reunirme con los concejales y con los responsables de los departamentos para avanzar los trabajos que existen en las más diversas áreas. Y no sólo eso. También hay que contactar con las responsables de los distintos barrios de la ciudad para poder saber lo que piensan y cuáles son sus necesidades. Pero un alcalde no es una figura que esté sólo reunida con otros políticos, porque si sólo habla con ellos se pierde algo esencial, que es llegar a todo el mundo. Así que debe esforzarse para palpar aquello que está en la calle, para que no pierda el contacto con la realidad.

Así que no sólo hablamos de infraestructuras.
No, claro que no. Es un todo. Hay distintos responsables de cada área, pero quien tiene que dar la cara es siempre el alcalde. A él le corresponde en último término la responsabilidad de todo lo que se realiza en una ciudad. Así que, como comprenderá, es un día a día que siempre está muy completo, y en mi caso, no me puedo quejar de tener mucho tiempo libre…

Supongo, pues, que no le debe quedar mucho más tiempo para ocupar otros cargos institucionales.
No, la verdad es que no. Mi principal actividad es la de ser alcalde, que es una tarea muy absorbente, tal y como le digo. Bien, también, desempeño un cargo en el partido, porque los políticos nos debemos también a los partidos a los que pertenecemos, pero en este momento mi prioridad absoluta es la alcaldía.

Y hablando de prioridades. ¿Cuál es la suya?

La prioridad de este mandato ha sido la de reequilibrar las finanzas de la alcaldía, que en su momento encontramos muy debilitadas. Y paralelamente a esta actuación, restaurar la credibilidad de una institución que en los últimos años, y por diversas razones, estaba cuestionándose. Creo que lo hemos conseguido, hemos vuelto a poner la casa en orden. Así que, logrado este objetivo, ahora podemos invertir en la ciudad para potenciarla aún más.

Háblenos de ello.
Bien, creo que el principal objetivo estratégico para la ciudad de Lisboa, y eso es algo que hemos comentado en diversas ocasiones, es intentar recuperar la población que ha ido perdiendo a lo largo de estos últimos treinta años. Queremos invertir esta tendencia y hacer que Lisboa sea grande, no sólo en recursos e infraestructuras, sino también en población.

¡Bien!

Y en ese sentido, hay tres áreas a las que atribuimos una máxima importancia. Una de ellas, creemos que es esencial, la educación. Queremos proporcionar a las parejas jóvenes una escuela de calidad para sus hijos, para que la enseñanza, este pilar básico de nuestra sociedad, esté consolidado.

La segunda.
La rehabilitación urbana de la zona histórica de la capital. Queremos que no sólo sea un lugar turístico, sino que también aumente la oferta de casas, para que haya movimiento, haya bullicio, y la tradición no esté necesariamente reñida con la modernidad.

¿Y la tercera?

Ligado con este segundo aspecto es la mejora del espacio público. Queremos que todos disfruten de la ciudad como algo propio, algo suyo. Y que además haya calidad. Y esta calidad será la que provocará que los ciudadanos vuelvan a creer en una ciudad de la que pueden estar muy orgullosos de pertenecer.