Xavier Jounou Bajo

Grandes, pero diferentes

"La buena política municipal tiene mucho sentido común"

El alcalde de Solsona asegura que la política debe ser la gestión del bien común que es de todos.

Lunes, 18 de Mayo de 2009
Con una población que ronda los 10.000 habitantes, Solsona tiene el título de "ciudad" concedido por Felipe II. Es capital de la comarca del Solsonès (Lleida), cabeza de partido judicial y sede del obispado, y pese a ser un municipio pequeño tiene una historia que no se le acaba (con Catedral, un barrio medieval y un Museo Diocesano), tiene también algunas de las problemáticas de las grandes ciudades.
"A mí me parece que lo que quiere la gente de un alcalde es proximidad, No puedes estar siempre para todos y en cualquier momento, pero buena parte del éxito de una gestión municipal debe ser escuchar a todos"

"Los que nos dedicamos a la gestión municipal pensamos que hemos de hacer cosas grandes. Y ya está bien, ya, pero lo que el ciudadano más valora es tener la ciudad limpia, el tráfico fluido, buenos estacionamientos, y alumbrados como falta"

"El nombre de política se ha ensuciado mucho, y con razón. La política debe ser la gestión del bien común que es de todos. Lo que no queremos es partidismo, cuando se aprovecha el cargo para un partido o por los propios intereses"
¿Cómo se lleva eso de compaginar el trabajo de alcalde con la de payés?
Pues es difícil, la verdad. Con una población de casi 10.000 habitantes hay mucho trabajo, y en la Alcaldía tengo dedicación prácticamente exclusiva. Pero no puedes dejar de lado las otras obligaciones, Ahora, por ejemplo, antes de venir aquí (al Ayuntamiento), he pasado un momento por las granjas para ver si todo estaba correcto. Si quieres que las cosas salgan bien, se debe estar.

La de campo además, es una tarea solitaria.
¡Claro! Y eso lo echo de menos. Ser alcalde es una ocupación muy intensa, donde no tienes ratos de soledad. Y lo eres 24 horas al día, por qué engañar-nos. En pueblos pequeños como éste, el alcalde suele ser la persona a la que acude mucha gente, aunque haya concejales y técnicos igualmente cualificados. La llamada al alcalde es necesaria. Y no lo hago a disgusto, sólo faltaría.

Hombre, también debe ser agradecido que la gente confíe en usted.
Claro. Mire, por ejemplo, hace días hicimos saber dónde destinábamos el fondo de inversión local que hace el Estado. Una persona que siempre es muy crítica con las actuaciones municipales me escribió un correo felicitándonos por haber decidido destinar el dinero a una acera donde hay gente que tiene dificultad para ir. Ya sabemos que en el trabajo, los elogios son caros de ver, pero el hecho de que recibiera este mensaje, me hizo una especial ilusión.

Le deben parar en todo momento por la calle.
Sí, claro y recibo a todo el mundo tan deprisa como puedo. A mí me parece que lo que quiere la gente de un alcalde es proximidad, No puedes estar siempre para todos y en cualquier momento, pero buena parte del éxito de una gestión municipal debe ser escuchar a todos. Y lo mejor que me puede decir un ciudadano es: eres un tío normal. Pero entiendo que en política la gente tenga que ponerse una coraza.

¿Qué es lo que le suele pedir el ciudadano?
Los que nos dedicamos a la política ya la gestión municipal pensamos que hemos de hacer cosas grandes. No digo que no podamos necesitar urbanizaciones, y un polideportivo, pero lo que más cuesta de hacer y lo que el ciudadano más valora es tener la ciudad limpia, el tráfico fluido, buenos estacionamientos, y alumbrados como falta. Y eso, que no cuesta tanto dinero como se piensa es el más difícil de llevar a cabo.

Háblenos de la inmigración en Solsona.
En la Cataluña central, después de Vic y Manlleu, Solsona es el tercer municipio con más inmigración, un 20,5%, según datos de enero del año pasado. Y eso en números son más o menos unos 2.000 de los 9.531 habitantes censados. La mitad son magrebís.

¿Y cómo lo llevan?
Relativamente bien, pero la crisis pondrá a prueba mucha gente. El inmigrante magrebí procede de otra cultura, otra manera de pensar, y la adaptación es difícil. Hay algunos conflictos pero son puntuales. Los inmigrantes que nos vienen del este por ejemplo, parece que se integran mejor, aunque hay también algunos problemas los festivos por la noche, pero también son temas muy concretos.

La integración debe ser difícil.
Mire, hace un par de horas, he hablado con la Directora de la Escuela Pública de Solsona porque para el mes del ramadán, los magrebís nos pidió un espacio para rezar. Pidieron el gimnasio, y aunque ha habido algunos padres que no les ha acabado de hacer demasiado gracia, lo han acabado aceptando.

¿Cómo vamos de economía?
Los servicios, la agricultura y el turismo han sido las principales fondos, y hasta hace cuatro días, la construcción. Además, las dos fiestas principales que tiene Solsona son muy importantes: por un lado, el Carnaval, recuperado el año 1971, que atrae mucha gente y aunque no lo organizamos, participamos. Y por otro, la Fiesta Mayor, que nos han dado el título de Fiesta Patrimonial de Interés Nacional.

Y la crisis, ¿cómo la llevan?
En Solsona, como otros sitio pequeños, hace que todo no llegue tanto de golpe ni tan repentinamente. Pero la crisis ha venido y de una manera bastante repentina, sobre todo para la construcción. Esto se ha visto en el tema del empleo. En julio del 2007, por ejemplo, hicimos un plan de empleo para dos personas y se presentaron cinco. Hace poco, se hizo otro para cinco personas y se presentaron casi un centenar.

¿Cómo se gestiona el patrimonio que tiene Solsona?
Tenemos un plan especial del casco antiguo de preservación que cataloga y marca los espacios. En eso nos encontramos en un dilema: por un lado, debemos proteger el centro porque representa el momento un punto importante de atracción para el comercio. Pero por otro lado, nos encontramos que tenemos que facilitar el paso de los coches porque si no la gente no pasa.

¿Y la gente viene por el comercio o por el patrimonio?
Por las dos cosas, aunque en Solsona la cuestión turística está bastante dejada de la mano. Es aquí donde tiene sentido una institución como el Consell Comarcal porque hay muchos municipios pequeños a su alrededor y gestiona varios equipamientos. Lo que pasa en Solsona es que no somos un lugar de paso como en otros municipios. A Solsona hay que ir casi expresamente. Y por eso la comunicación es uno de los temas que tenemos pendientes.

¿El hecho de que sea un municipio, no contribuye?
Claro, no es lo mismo que se haga una carretera para una ciudad de 10.000 habitantes que por una de un millón. Pero también soy de la opinión que tenemos que crecer con mesura, porque sino perderemos parte del encanto que seguro tenemos. Así que tenemos que hacer grandes, sí, pero sin olvidar lo que nos hace diferentes.

Y Solsona ha ido creciendo los últimos años.
Solsona hace 10 años que progresivamente va teniendo 250-300 habitantes más cada año, y por ahí esto es un tanto por ciento muy elevado. Cuando llegamos a los 10.000, ya somos oficialmente ciudad, y por tanto, ya dispones de más ayudas.

Ya hemos hablado de comunicación. ¿Qué más necesita Solsona?
La promoción turística es importante porque va ligado con el comercio. Por ejemplo, somos famosos en la comarca para las patatas, que aquí se dicen trunfos. Lo que quizás nos hace falta es creernos esto de verdad. Hacen falta urbanizar muchas calles, tener un alumbrado correcto, esas cosas ...

¿Antes de acabar la legislatura que le gustaría dejar terminado?
El principal evidentemente es acabar todo lo que nos hemos encontrado comenzado y buscar financiación para hacerlo. La Avenida de Sant Jordi y el crecimiento de la nueva escuela pública fueron algunos de los motivos del cambio del gobierno municipal, así que lo que ahora hace falta es buscar financiación para los 1,8 millones de euros que faltan para la sala Polivalente. Si podemos acabar, ya me daría por satisfecho.

Y después necesitaría otra legislatura para llevar a cabo todos sus proyectos.
No sé lo que haré dentro de dos años. Lo que sí es cierto es que una legislatura es muy corta para todo lo que quieres, pero también es verdad que no tendría ningún malestar de dejarlo porque ya serían 16 años al Ayuntamiento. El equipo de gobierno está funcionando y tenemos ganas, y quizás sería bueno dejar los dos años y medio que faltan y los 4 siguientes para tratar de terminar todas las cosas. Pero ya lo veremos. La política municipal ya sabe como es. Quizás me presento y me vuelvo a quedar la oposición.

16 años es una buena carrera municipal.
Si y va muy bien pasar por la oposición porque aprendes a considerar su trabajo. Estar en un gobierno de pacto es esperanzador porque vamos muy entendidos. Hacía tantos años que esperábamos un cambio en Solsona que cuando se ha producido, hemos tenido muy claro qué es lo que había que hacer y qué no. Siempre hay diferencias, claro, pero si hay la voluntad de salir adelante, tarde o temprano se acaba encontrando un consenso.

¿Y usted se siente siempre alcalde?
He tenido siempre muy clara la separación entre la persona Xavier Jounou y la figura del alcalde. Una cosa es la percepción que puedo tener como persona, y la otra es el cargo que llevo, y ocupe quien ocupe la institución debe preservar la dignidad que confiere este carácter institucional.

¿Qué piensa del desprestigio de la política?
Todos hemos hecho un mal uso, y entiendo este descrédito. El nombre de política se ha ensuciado mucho, yo vengo al ayuntamiento a hacer política, y entendemos por política la gestión del bien común que es de todos. Lo que no queremos es partidismo, cuando se aprovecha el cargo para un partido o por los propios intereses. Me hago un harto de predicar esto, y si somos nosotros mismos los que prostituirse esta palabra, pues mejor plegar.

¿Y su futuro?

Para mí ser alcalde de Solsona no ha sido nunca un objetivo, sino una disponibilidad. He sido coherente con mis ideas y lo he hecho a través del partido que más se acerca a ellas. Mi intención en estos momentos, si lo quieren mis compañeros de equipo, es volver a presentar. Porque me gusta, porque entiendo que la política local, como muchas cosas consiste en aplicar el sentido común y escuchar a las personas.

Buena definición.
Pero no podemos tampoco olvidar que como decía Churchill "la mejor manera de no tener a nadie contento es intentar contentar a todo el mundo". Tienes que ser correcto, respetuoso y justo, pero cuando es que no es que no. Y se ha acabado.