Miquel Àngel Aguilà Barril

Aires de renovación

"También los ayuntamientos necesitan correspondencia financiera"

Lunes, 18 de Mayo de 2009
Con cerca de 16.000 habitantes y 57 km2 de superficie, Balaguer es la capital de la comarca de La Noguera, y es el tercer municipio de la provincia, después de Tàrrega y Lleida, su capital. Documentada desde el siglo IX por el Padre Sanahuja, aunque es probable que el municipio hubiese contado con asentamientos romanos o íberos, Balaguer cuenta con un importante patrimonio arquitectónico, en el que destaca la Plaza del Mercadal, la Iglesia de Santa Maria, el Monasterio de Sant Domènec y el Castillo, que fue residencia de los Condes de Urgell, y eso sin contar que es un destacado centro hortícola e industrial de la zona.
"Los primeros alcaldes de la democracia nos dedicábamos a hacer las cuatro cosas necesarias para el municipio: barrer las calles, recoger la basura, tener policía, el alumbrado y poca cosa más. Las infraestructuras y los grandes proyectos vendrían pasados muchos años"

"Muchos ayuntamientos ejercemos competencias que no nos son propias, que no te dice la ley que lo tengas que hacer, pero las haces para que la gente te lo pide. Pero debería ir todo ello acompañado de cierta correspondencia financiera que hoy por hoy, no se da"

"Los alcaldes somos políticos, de acuerdo, pero tocamos tanto de pies en el suelo, somos tan realistas, que el cargo se aleja de lo que entendemos por la política tradicional, la de los despachos y los discursos"

"Con el tema de las reelección, hay algo por encima de todo que es la voluntad del pueblo. Si un cargo público se va presentando y la gente tiene confianza, pues entonces el tema está claro: este deseo está por encima de cualquier otra consideración"
Usted lleva toda una vida de alcalde.
Sí, llevo más de 20 años. Cuando empezamos el ayuntamiento, había una fiebre y una euforia muy fuerte: todos habíamos hecho política en la última época del franquismo y estábamos cargados de ilusión por cambiar los pueblos y darles vida. Ya había antes, y te das cuenta del mérito que también tenían los alcaldes de años atrás para hacer cosas con tantos pocos medios. Pero hace treinta años, había aires de renovación y todo se dinamizó.

Los ayuntamientos eran simples maquinarias administrativas.
Exacto, y lo que queríamos era dar empuje, hacer que la gente participara, que el pueblo se hiciera suyo el municipio. Con este espíritu empezamos, un poco porque las circunstancias te empujan, algo para que te encuentres. Después, una vez dentro, piensas que si los cuatro primeros años de una legislatura han ido bien, también te puedes volver a presentar, y así te vas pegando. Y llega un momento en que llevas 25 años, como yo ahora.

Bien, también debe haber un factor importante: la gente confía.
Sí, eso es un tema de los que se ha hablado mucho en democracia, de si los mandatos deben estar acotados en el tiempo. Como todo, esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes, pero en definitiva hay una cosa por encima de todo que es la voluntad del pueblo. Si un cargo público se va presentando y la gente tiene confianza, pues entonces el tema está claro: este deseo está por encima de cualquier otra consideración.

Supongo que la política habrá cambiado mucho desde que empezó.
Ya se lo puede imaginar. Cuando nosotros entramos nos dedicábamos a hacer las cuatro cosas necesarias que más dice la ley, como barrer las calles, recoger la basura, tener policía, el alumbrado y poca cosa más. Se empezó haciendo lo que considerábamos el más importante, tener las calles arreglados, ya que había muchos pueblos a los que aún les faltaba pavimentar calles, poner el alumbrado y tener servicios considerados básicos.

Y entonces, ya vendrían otras prioridades.
Si, a partir de ahí empezamos a adquirir un compromiso para aquellas necesidades que la gente pedía, que aunque no son competencia estrictamente municipal sino que en ámbitos más grandes, te ves obligado a prestar. Qué sé yo, temas culturales, deportivos, festivos, y lo que hay detrás: escuelas de música, un teatro, un museo, el archivo, el polideportivo, la organización de ferias y certámenes, la promoción de la ciudad económicamente y turísticamente... Todo ello, cosas que en la primera época de alcalde no se hacían porque no había los medios, pero tampoco la tradición o la voluntad que los ayuntamientos participaran tan activamente en la primera línea de fuego.

No había infraestructuras pero tampoco dinero.
Nosotros ejercemos muchas competencias que no nos son propias, que no te dice la ley que lo tengas que hacer, pero las haces para que la gente te lo pide. Pero debería ir todo ello acompañado de cierta correspondencia financiera. Y no hablo de ahora, que tenemos una crisis encima y por lo tanto, el planteamiento es diferente. Hablo de hace años. La financiación municipal es la asignatura pendiente de este país. Se ha dado impulso al régimen de las autonomías y eso en cierto modo es lógico, pero los estamentos que se han dejado de banda han sido los ayuntamientos.

¿Y qué es lo que le pide la gente de que no establece la ley?
Pues por ejemplo, a nivel deportivo una piscina climatizada que es un servicio bueno para la ciudadanía y que conlleva un gasto importante. O las guarderías, que tienen un coste social importante, y que si la gente tuviera que pagar el coste que tienen casi no se podría acceder. Los ayuntamientos hemos asumido unos costes que no son competencia estrictamente municipal. Lo hacemos, evidentemente, porque son elementos necesarios, pero hay que reconocer que no hay capacidad suficiente para abarcarlo todo.

Pero una capital de comarca...
Sí, sí, nosotros también tenemos el tema éste, como tantos otros municipios, pero le garantizo que los costes que se generan superan de largo los ingresos. Cierto es que a nivel comercial mucha gente viene hasta aquí, en Balaguer. Y eso conlleva un beneficio, pero son mucho más elevados los costes que representan los servicios que deben ofrecerse. Y cuando hablamos de costes, sabemos que lo que resulta más mediáticamente resonante son los de las grandes capitales, más que los de los municipios pequeños. Y pienso que es un tema que tanto la Generalitat como las Diputaciones deberían tener en cuenta.

Y con la crisis la cosa se debe haber agravado.
Sí. Mire, una costumbre que tenemos al Ayuntamiento es que los martes, a partir de las once de la mañana y sin cita previa, todo aquel que quiera puede venir a verme. Hace un año, si yo recibía 15-20 visitas, prácticamente ninguna de ellas me pedía trabajo; ahora, de estas 20 visitas el 90% son para plantear un problema de trabajo o económico. El triste es que no podemos solucionar este tipo de situaciones, salvo que no sea un caso de extrema necesidad: un tema de comer, por ejemplo, o que alguien se quede en la calle. Pero son casos muy puntuales.

Y piensa que cuando todo esto pase, todo volverá antes?
No, ni de largo, estoy convencido. Hemos venido de unos años de ganancia fácil, de especulación, de subir continuamente el precio de las cosas, y eso era demasiado, hombre. Si me permite la licencia le diré que sabemos que el comunismo falló, pero el capitalismo que llevábamos también. Creo que tendremos que refundar, reelaborar, de buscar nuevas ideas en la línea de lo que están haciendo los grandes mandatarios mundiales, desde el Obama hasta el Sarkozy. Y toda la sociedad en conjunto debe solucionar.

¿Cuál es el motor económico de Balaguer?
Es variado. Históricamente hemos sido una ciudad agrícola, y aunque ahora la tierra se sigue cultivando, la población activa dedicada a la agricultura lógicamente ha bajado. Por lo tanto somos una ciudad de servicios, agrícola y ganadera históricamente, y industrialmente también.

Hablemos de este último aspecto, la industria.
Nosotros dependíamos de una fábrica de papel que cerró el año 1993 y que era de monocultivo industrial. La empezó la familia Porcioles, la familia del alcalde que había tenido Barcelona. Esta fábrica daba empleo directo a más de 300 personas, ya muchas más de forma indirecta. Ahora, las dos empresas más potentes están dedicadas al vidrio y el aluminio, y también hay sector textil. Pero ahora la cosa es diferente, se ha diversificado todo mucho, y es la pequeña y mediana empresa la que realmente vale y crea riqueza, la que se pone el mono de trabajo y reinvierte lo que gana en su propio negocio. Pero vaya, siempre hacen falta empresas. Y si hubiera una de potente, mejor.

He observado que están bien comunicados: varias carreteras, el tren...
Sí, pero ya veremos como va con el eje transversal. Ahora llega a Cervera y hasta Lleida se queda a la antigua N-II. Mire, para entender esto de una manera rápida, las tierras del sur de Lleida se pueden dibujar en una raya, y la riqueza se concentra alrededor de esta raya: Cervera, Tàrrega, Mollerussa, Lleida. Cuando más alejado estás de esta raya peor y nosotros estamos luchando para que podamos conectar bien con esta raya. Se está trabajando, y yo creo que lo conseguiremos, pero en estos momentos, lógicamente, las condiciones que tienen estas ciudades son mejores y nosotros estamos algo más alejados.

También tienen el AVE cerca, en Lleida.
Creo que Lérida es el futuro de Catalunya para que, el área metropolitana de Barcelona ya está agotada: todo está comprimido y ya no hay suelo. Por eso pienso que el futuro se encuentra en la llanura de Lleida y más ahora que se está a menos de una hora de tren y habrá aeropuerto.

¿Qué proyectos están llevando a cabo?
Aparte del reto de las comunicaciones, uno de los otros de los que tenemos es este que le decía, el del suelo industrial. Y ligado con todo ello, recuperar el área empresarial que plegar el año 1993 y que representan unas 25 hectáreas de terreno colindantes. Pero también cohesionar más la ciudad, potenciando el centro histórico.

¿No se le apoya?

El barrio se ha ido degradando porque la gente ha ido marchando y se ha de ensanchar, abrir en otras zonas sin romper la estructura árabe que había, pero también hacer posible que puedan pasar vehículos de emergencia como los bomberos o las ambulancias. Tenemos que hacer posible que el centro histórico se pueda vivir en las mismas condiciones de calidad que en las otras partes de la ciudad, y esto querrá decir, llevar más comercio, poner los juzgados o colocar equipamientos de carácter cultural .

Necesitará más legislaturas para llevarlo todo a cabo.
Ya veremos. Tampoco depende de una sola persona, eso, sino de la gente con la que estoy. Ahora es muy aventurado decir si me volveré a presentar, ya que estar al ayuntamiento es estar lo todas las horas del día. Los Ayuntamientos más o menos pequeños como este tienen sus inconvenientes, como el hecho de que sufres más de cerca los problemas, pero también es verdad que la satisfacción de la obra hecha la sientes más.

Hombre, usted ha ocupado otros cargos no tan cercanos con el ciudadano.
Y qué diferencia, se lo aseguro. He estado dos legislaturas senador o ya le puedo decir que no es lo mismo. Sí, creo que los parlamentarios trabajan mucho, pero no es lo de pasar por la calle y decir: "nos costó, pero lo hemos acabado haciendo". Los alcaldes tocamos tanto de pies en el suelo, somos tan realistas, que el cargo se aleja de lo que entendemos por la política tradicional, la de los despachos y los discursos.