Jordi Hereu Boher

Ciudad cosmopolita

"La recuperación de la credibilidad pasa por la política municipal"

El Alcalde de Barcelona asegura que la interlocución directa con el ciudadano, con el barrio le gusta mucho. Dice que la municipal es una gran política y que no es en absoluto menor.

Miércoles, 03 de Marzo de 2010
Dice la leyenda que cuando Hércules se unió a los argonautas en busca del vellocino de oro, al pasar cerca de la actual costa catalana, una tormenta dispersó todas las naves que formaban la expedición. Fueron encontradas todas, salvo la última, la novena, la Barca Nona, que fue localizada junto a la actual Montjuïc. De ahí el nombre de una ciudad que no necesita demasiadas presentaciones: con más de 1.600.000 habitantes, es la segunda española más poblada y la décima de la Unión Europea. Tres acontecimientos mundiales han contribuido a su proyección internacional: las dos Exposiciones Universales (1888 y 1929), y los Juegos Olímpicos de 1992. Inagotable en todo, como lo suelen ser las grandes metrópolis, hoy hablamos con su Alcalde.
"Tenemos suficiente perspectiva histórica para hablar de toda una serie de elementos que están presentes en todas las democracias occidentales consolidadas. Pero pese a todos los peros, no podemos negar que la democracia es el mejor sistema de gobierno que hay"

"La política es la única garantía que tenemos de igualdad. La gente puede ser muy crítica con el sistema pero quizá porque también se espera mucho de él. Pero este argumento no invalida la base: debe ser un incentivo para recuperar la credibilidad de la política"

"En la política pasa como en cualquier colectivo: puede haber una minoría que no honre lo que representa pero hay una inmensa mayoría que dedica lo mejor de su vida al trabajo bien hecho"
Leyendo su currículo, ya se ve que su interés por la política arranca de muy joven.
Sí, comenzó muy pronto. Cuando Franco murió, yo tenía 10 años, así que mi adolescencia fue muy ligada con la transición. Había mucha ebullición, mucho interés, y en casa lo viví con mucha intensidad. Supongo que a partir de ahí nació mi vocación. A los 11 años fui a un mitin Escala de un partido que entonces era el Reagrupamiento Socialista y Democrático, es decir, cuando no era aún ni el PSC. Pasaron unos años hasta que me involucré de verdad.

Con un hecho traumático, según tenemos entendido.
Sí, fue atentado de Hipercor, en 1987, cuando tomé un compromiso serio con la política. De todos modos, el último que pensé entonces es que acabaría dedicándome a ello. Pero nunca se sabe hasta qué punto decides cómo irá tu vida o cuando los demás acabarán decidiendo por ti.

La efervescencia que había en aquellos años ahora parece impensable.
Sí, estoy de acuerdo en que los años que entre 1975 y 1979 hubo una recuperación de valores democráticos después de muchos años de dictadura. Después vino una época de desencanto, y recuerdo que en los ochenta ya se hablaba de pasotismo pero en 1981 ya teníamos un golpe de estado. Y casi treinta años más tarde volvemos a cierto desencanto. Con esto quiero referirme a que ya tenemos suficiente perspectiva histórica para hablar de toda una serie de elementos que están presentes en todas las democracias occidentales más o menos consolidadas. Pero pese a todos los peros, no podemos negar que la democracia es el mejor sistema de gobierno que hay.

Se le ve convencido.
Te lo diré con otras palabras. Pienso que ahora la política es más necesaria que nunca porque es la única garantía que tenemos de igualdad. Y de acuerdo, la gente es muy crítica con el sistema, pero quizá porque también se espera mucho y no se puede dar satisfacción a todas las expectativas. Pero este argumento no invalida el planteamiento general, al contrario, debe ser un incentivo para recuperar, desde la defensa, la credibilidad de la política.

La percepción del ciudadano es que no hay nadie que se salve.
Pienso que es una generalización injusta, que nos lleva a un populismo que sí acaba generando corrupción y otros elementos nocivos. Mira, en la política pasa como en cualquier colectivo: puede haber una minoría que no honre lo que representa pero hay una inmensa mayoría que dedica lo mejor de su vida al trabajo bien hecho. Y en mi caso, yo he venido a que la gente me exija, porque hago un trabajo vocacional y la hago a gusto. Así que todo lo corrompe este vínculo de confianza va contra la democracia.

Un vínculo que en los últimos tiempos se ha roto mucho.
Es cierto. La imagen que la gente tiene de la política, no sólo en nuestro país sino en todo, no pasa por el mejor momento. Y si añadimos una coyuntura económica difícil, como es esta, todos los liderazgos, sean pequeños o grandes, se ven sometidos a un desgaste. Por eso hay que esforzarnos en hacer bien las cosas, al expresar bien. Así que ahora es el momento de la política de las convicciones, que es lo que permite mantener la hoja de ruta, de saber hacia donde vas.

Una dirección que en su caso, para representar una administración municipal, debe ser próxima al ciudadano.
Es la gran virtud de la política local, pero también su mayor inconveniente. Cuando eres alcalde de una población mediana o grande, y hay momentos difíciles, también resulta difícil llevar el timón. Pero soy un gran defensor de este tipo de política, porque hay temas que sólo se pueden resolver desde la proximidad. Y en este sentido, esta manera de hacer da grandes valores. A medida que vas subiendo, la percepción es diferente, es más mediatizada.

Hay proximidades y cercanías: un pueblo pequeño no es Barcelona.
En Barcelona nos hemos organizado. En una ciudad de más de un millón y medio de personas, estamos convencidos de que la proximidad es un valor. Y por eso tenemos todos los rasgos de la política más general, pero también la común a cualquier alcalde. Yo vivo las dos cosas.

¿Y qué prefiere?
La de la proximidad, es más auténtica. La interlocución directo con el ciudadano, con el barrio a mí me gusta mucho. La municipal es una gran política, no es en absoluto menor. Y es una gran escuela, que yo personalmente no veo como un paso para acceder a otras instancias. Es decir, es una finalidad por sí misma.

Tiene sus propios retos.
Y muy importantes, además. Si no sabes el valor de la promesa, o lo que es una reunión de entidades, o de vecinos, a la política municipal lo aprenderás de verdad. Pienso que la recuperación de la credibilidad en política pasa precisamente por aquí. Aquí las promesas tienen otro valor. Y es a partir de esta base cuando puedes hacer otra política.

¿Y los problemas de financiación local?
Tenemos los que hay inherentes a la crisis, pero hicimos los deberes en su momento, ial'acabar la legislatura habremos hecho todo el programa electoral que nos propusimos. Y creo que eso dice mucho de la ciudad, no? Hicimos compatible invertir pero también rebajar endeudamiento y por eso ahora no nos va especialmente mal, y vamos resistiendo. Pero es evidente que después de superar toda esta coyuntura, necesitamos cambiar.

¿El qué?
Las bases de la financiación, hacerlo más ligado al desarrollo urbanístico. Y hay que trabajar más los temas de responsabilidad, con la capacidad de decir sí o decir al ciudadano cuando sea necesario decirlo. Y eso también hay que reivindicar esto.

Una responsabilidad no siempre cómoda.
Efectivamente, pero una ciudad es un pacto de convivencia, y por tanto todos deben tener derechos pero también obligaciones. Y todo ello nos lleva a construir todos juntos unos espacios públicos conjuntos, donde se evite la segregación y los conflictos. Por eso creo que la seguridad en el espacio público, que yo creo que es un valor progresista, es básico para evitar elementos como la xenofobia. Y en momentos de crisis como estos, conviene que las mezclas funcionen y que no se caigan en tópicos.

Hábleme del proyecto de la candidatura de los juegos de invierno.

Es un proyecto al servicio de una estrategia. Aquí lo importante es la agenda de la ciudad, donde debemos ser motor económico del Sur de Europa, generar nuevas conectividades, ser una ciudad referente en talento y creación, desarrollar sostenibilidad, y ser la capital del Mediterráneo, entre 'otras cuestiones. A partir de estas estrategias básicas, con exigencias y responsabilidades, y con una trayectoria que viene de años, podemos entender que estos juegos pueden ayudar a cohesionar aún más la ciudad. En función de esta estrategia, pues, de organizar unos juegos olímpicos de invierno, nos podemos volver a presentar al mundo con un proyecto donde tenemos muchas cosas ya ganadas.

Pero con la crisis que hay ahora, pensar en un proyecto que costará mucho dinero y para dentro de más de diez años...
No, no, estas cosas son muy lentas y no vienen de un día para otro. Es lógico que ahora se genere mucho debate pero hay que tener en cuenta que las coyunturas son cambiantes y, lo que te decía, tienes que saber muy bien por donde vas. Y por Barcelona, y por todo el país, esto puede ser muy importante.

¿Así pues, ahora qué debemos hacer?
El mejor proyecto. Tenemos el prestigio, el reconocimiento, pero estamos obligados a un proyecto que esté a las expectativas de una candidatura firme. Tenemos muchos años por delante, pero también muchos retos y muchos deberes. Hay mucha infraestructura para hacer, muchas cosas que mejorar, pero sólo desde el salto que representa esto vale la pena. Por eso queremos que la nueva Barcelona pueda generar todo esto.

¿Y las cosas han cambiado tanto desde el 92?
¿Cuánta gente ha nacido desde el 92? Y cuánta gente nueva ha venido? Barcelona es ahora una ciudad global, de servicios, diversa, abierta al mundo y, por tanto, hay nuevos retos, nuevas realidades y un potencial que hace que la cosa sea tan atractiva.

Pero no se puede crecer más.
En algunos temas, Barcelona es demasiado pequeña y, por tanto, a veces nos tenemos que unir con los otros municipios del área metropolitana, o mejor dicho, la región metropolitana, que abarca cerca de 5 millones de personas. Pero a veces Barcelona también es demasiado grande, por lo que la ciudad tiene 73 barrios. Y un alcalde hay que conocer todos.

El crecimiento aporta nuevas respuestas a nuevas realidades.
Exacto, pero con los valores de siempre. Nuestro gobierno siempre ha salido de abajo, y la ciudad ha crecido de abajo hacia arriba. Y es una ciudad solidaria, comprometida con los valores, progresista, que no renuncia a su propia personalidad. Somos una ciudad muy, muy activa, incluso en tiempos de crisis. Y yo me siento profundamente identificado con ella.

Pero ahora el momento es complicado.
Sí, de acuerdo, pero la gente tiene mucho espíritu de lucha. Cabe decir que soy optimista por naturaleza, pero pienso que para resolver los problemas del presente, hay que tener visión de futuro. No podemos caer en esta idea de sólo pensar en el presente, hay que generar nuevas perspectivas de futuro. Y ahora una de mis obsesiones es el paro, claro. Y por eso tenemos que generar confianza y desde la política tenemos la obligación de hacerlo. Por lo tanto, todo aquello que genere desconfianza hace un mal servicio.

¿Qué le parece una publicación como la nuestra?
Todo lo que sea poner de relieve la labor de unos políticos un poco especiales que somos los alcaldes, pienso que es muy interesante. Un medio que permita cambiar opiniones entre alcaldes ya está bien, pero que el ciudadano pueda conocer cómo son sus dirigentes está aún mejor. Yo me siento una persona muy normal y pienso que los políticos lo somos o deberíamos hacerlo. Somos sólo personas que hemos elegido la política como un trabajo de servicio público.

Puede ayudar a mejorar esta imagen de la que antes hablábamos.
Sin duda, porque el sistema democrático, en esencia, es competitivo. Y los políticos nos peleamos porque la sociedad es plural pero ahora la gente demanda acuerdos. Y en este mundo se dan más acuerdos de lo que parece pero eso no es noticia, así que los medios tienen una gran responsabilidad en ello.