Profesor asociado del Departamento de Política de empresa de ESADE

Albert Serra

Gestión y buena política

 "Los alcaldes son conscientes de que toca cooperar intermunicipalmente"

 "Esta crisis y todo lo que tiene que ver con el estado del bienestar, ha cuestionado la fiabilidad de las Administración, pero también ha evidenciado la debilidad en la calidad de la gestión del sistema público, la falta de capacidad de encontrar alternativas, la falta de productividad del propio sistema laboral, y la percepción de un cierto despilfarro de los recursos”
 

Lunes, 16 de Mayo de 2011
La actual crisis económica ha evidenciado muchas debilidades del sistema capitalista, una de las cuales ha sido la de la administración. De repente, nos hemos dado cuenta como los Ayuntamientos también sufren (y algunos mucho) para llegar a finales de mes y los funcionarios, este colectivo a menudo despreciado por la iniciativa privada, ha tenido que recibir también algunas de las consecuencias de la situación por la que estamos pasando. Hoy os proponemos un lúcido análisis de la realidad y algunas claves para entenderla.
 "Esta crisis y todo lo que tiene que ver con el estado del bienestar, ha cuestionado la fiabilidad de las Administración, pero también ha evidenciado la debilidad en la calidad de la gestión del sistema público, la falta de capacidad de encontrar alternativas, la falta de productividad del propio sistema laboral, y la percepción de un cierto despilfarro de los recursos "
 
"El funcionario, en sí, no representa ningún problema. De hecho, no tenemos más que la media europea. Pero el problema que sí tenemos es el de la eficacia "
 
"No creo que revisar el mapa municipal sea imprescindible, entre otras cuestiones porque garantiza algo que es muy importante: la representatividad política, en detrimento de la debilidad de gestión"
 
No ha pasado demasiado tiempo desde que le entrevistamos, pero lo cierto es que han pasado muchas cosas. ¿Cómo las resumiría?
Pues sí, efectivamente. Yo lo centraría en tres temas: uno de ellos, sería el tema de la gobernanza global y su crisis, en el sentido de que hay situaciones en las que hoy por hoy, no acabamos de saber quién las gobierna: la crisis financiera de EEUU, por ejemplo, ha acabado destrozando la economía griega o ha creado muchos problemas en los gobiernos y su financiación local. Este sería el primer punto.
 
Es verdad. Las dinámicas son globales pero el batacazo afecta a lugares muy lejanos y los afectados suelen ser ciudadanos y ayuntamientos
Vamos por el segundo: esta crisis y todo lo que tiene que ver con el estado del bienestar, ha cuestionado la fiabilidad de las Administración, pero también ha evidenciado otras carencias: la debilidad en la calidad de la gestión del sistema público, la falta de capacidad de encontrar alternativas y estrategias eficientes, la falta de productividad del propio sistema laboral, y la percepción de un cierto despilfarro de los recursos.
 
Vamos por el tercero
Este es lo que nos preocupa: el tratamiento de los directivos públicos profesionales. Da la sensación de que el sector público entre la política y el funcionariado, los técnicos y los profesionales, prácticamente no hay nada. Y eso hace muy débil la estructura organizativa, porque no hay nadie que esté pensando en estrategias en términos de sostenibilidad, de mejores opciones, o de cooperación entre las esferas públicas y privadas como herramienta para mejorar la eficiencia de las políticas públicas.
 
Y esta carencia a la que usted hace referencia, ¿a qué nos lleva?
Muy sencillo. A una falta de reconocimiento de esta función como elemento estratégico dentro del sistema público. En este mundo hay gente muy buena y muy comprometida, no hay duda, hay un componente de voluntad propia, de vocación, pero también de deseo de poder. De una manera u otra, la calidad está ahí. Pero el tema es que este reconocimiento a la figura pública profesional, que debe gestionar, tener capacidad de decisión, disponer de márgenes para poder hacer propuestas y dar apoyo a una política más consistente, sencillamente, no existe. Los únicos especialistas reconocidos en el sector público son la abogacía, el mundo del derecho en general y la burocracia. Y no es suficiente.
 
Quizá en estos tiempos que corren, pues, lo mejor es hacer cambios
Sí, naturalmente. Los momentos de poner orden normalmente son los precisamente críticos. La cuestión principal, es que si cuando estás en un ciclo bajo como este lo único que te importa es sobrevivir, no hacer cambios. Y a partir de aquí, y si no acabas de salir bien del agujero, es evidente que las posibilidades de volver a crecer, de volver a tomar la iniciativa, son menores. Pero eso sí: la gente que sale de la crisis fortalecida es aquella que la aprovecha para preparar el despegamiento.

Uno de los temas que suelen salir es el del funcionariado: ¿está realmente sobredimensionado respecto a la iniciativa privada?
En este tema, y ??en general, pienso que hay una cierta falta de claridad en los diagnósticos y en las estrategias de salida. Yo no creo que el problema sea el número de funcionarios: de hecho, no tenemos más que la media europea, aunque el nivel de nuestro país sea otro.

Entonces, el problema es quizá la eficacia
Exacto. La organización del trabajo, las medidas de productividad, las relaciones laborales... El último informe de la CDE, por ejemplo, daba una cifra muy ilustrativa: la media de horas semanales de trabajo de los funcionarios suecos es de 37, mientras que la media española es de 32. Así que hay algo que no funciona, y no podemos pretender vivir mejor desde la función pública. Pienso que sería necesaria una mayor organización y aprovechamiento, además de que hay estructuras organizativas que han crecido desmesuradamente. Encuentro innecesario, por ejemplo, las 2.000 unidades de gestión que hay en el gobierno local catalán, entre ayuntamientos, consorcios, mancomunidades y otras para un país de 7 millones y medio de habitantes.
 
Y con la importancia de la función pública, ¿piensa que hay muchos municipios en los que la principal empresa es el propio gobierno municipal?
Sí, y cada vez más. Sobre todo en lugares en los que no hay empresas potentes, la administración pública termina siendo una pieza clave. Y es cierto, si la contabilizan como una empresa pública que toca muchas teclas y que tiene una gran variabilidad: desde guardia urbana hasta asistentes sociales.

Hay otro elemento de la crisis que ha acabado proponiendo y haciendo en algunos lugares, como en Grecia: la reducción de municipios a través de fusiones
Es ciertamente difícil, y no creo que revisar el mapa municipal sea imprescindible, entre otras cuestiones porque garantiza algo que es muy importante: la representatividad política, en detrimento de la debilidad de gestión.
 
¿Cómo tenemos el panorama en Europa?
Pues mire, suele haber buenos gobiernos locales, y relativamente pocos: Inglaterra, Dinamarca, Suecia, Noruega, Alemania... el único que tiene de manera desmesurada es Francia: 30.000 municipios, pero es porque tampoco se pretende que funcionen, tienen el Departamento, muy reconocido políticamente. No sé si lo podríamos aplicar aquí, encontrar la manera específica de fusionar gestiones sin tener que reducir los 600 municipios de menos de 2.000 habitantes que tenemos.
 
Quizás la solución está en un nivel supramunicipal
Las comarcas están haciendo una suplencia, y aunque el trabajo resulta necesaria, ya estamos hablando de cuatro niveles de Administración: Generalitat, provincia, comarcas y municipal. Y eso si no contamos el estado: es decir, cinco en total. Cierto es que los consejos comarcales, como unidad de gestión, están tomando una cierta prestancia porque como que políticamente son órganos poco golosos, hace que pueda orientarse muy a gestión, y en los pequeños municipios por ejemplo soluciona bastantes problemas. Y lo que sería ideal consistiría en que los Consejos hicieran como integradores, en una misma comarca, de municipios tan grandes como pequeños. Es difícil, porque hay problemas de gestión en el ámbito público, pero eso cohesionar, claro.
 
¿Y si diéramos más poder a los municipios?
Esto representaría una estrategia muy profunda que modificaría sustancialmente la naturaleza del mundo local, hasta el punto que nos replantearían algunas funciones estatales, lo que evidentemente veo muy difícil, porque para "centralizar" un órgano como un gobierno local, es necesario que alguien se "descentralice ", y en este caso, no creo que el Estado lo permitiera.
 
¿Tenemos ejemplos de otros países?
Sí, claro. Los países nórdicos, por ejemplo, están completamente descentralizados porque tienen un gobierno local fortísimo y porque entre éstos y el estado no hay prácticamente nada. Sin esta situación, es difícil imaginar que el gobierno local pueda pasar a gestionar 25% del presupuesto público.
 
Y más ahora, con la que está cayendo... y tal y como están los ayuntamientos. ¿Podríamos encontrarnos con casos de quiebra?
Llevar una corporación local en un concurso de acreedores, lo veo difícil, e incluso no sé si se puede legalmente. Pero quiebras encubiertas por retraso de pagos de proveedores, puede haber más de una. De todos modos, los ayuntamientos tienen una dimensión en la que con mayor o menor habilidad puede jugar con unos márgenes de gestión.
 
El Ayuntamiento de Madrid es un caso paradigmático
Por ejemplo. Pero incluso con esta deuda, tienen una unidad de gestión suficiente acotada, lo que no lo es, por ejemplo, la Junta de Andalucía. Creo que en este sentido, las autonomías dan más miedo que los ayuntamientos, porque la capacidad de saber lo que está pasando es difícil.
 
Aparte del tema de la crisis, ¿qué piensa que son los retos que afrontan los ayuntamientos?
Mirándolo con perspectiva histórica, debemos ser conscientes de que a lo largo de treinta años de democracia ha hecho mucha, pero que mucho trabajo. Las ciudades están ya terminadas en el sentido en la práctica totalidad de municipios hay equipamientos, infraestructuras, vialidad, y de hecho, hay poco margen para hacer algo más ya que el territorio es limitado.

Estamos pues, al cabo de la calle
Pues sí, porque cuando todo esto ya está hecho ya sólo queda el servicio a las personas. Y cuando se han alcanzado, se trata de mantenerlos. Y eso lo que ahora resulta todo un reto: que haya atención a la pobreza ya los colectivos menos favorecidos, y que a partir de la situación que estamos sufriendo, hacer lo posible para sacar provecho.
 
¿Y cómo?
Pues empezar a pensar en términos de tejido productivo, de capacidad de innovación y de generar actividad económica... en alguna reunión que he tenido lo hablábamos: ahora las ciudades tendrán como políticas más importantes, aunque no es explícitamente de responsabilidad local, estas que comentaba. Así que los ayuntamientos tienen este trabajo: la de liderar un territorio que además, en aporte calidad a la gente y se haga una buena gestión.
 
Pues una de las quejas que abundan más en estas entrevistas es el exceso de responsabilidad que tienen los alcaldes, el hecho de que piensan que asumen más competencias de las que les corresponden
Pues eso se ha empezado a terminar. Creo que los alcaldes son conscientes de que toca cooperar intermunicipalmente, que incluso puede que tengan más infraestructura de la que les tocaba en el sentido de que probablemente ha habido un proceso inversor en infraestructuras que se ha traducido en calidad de vida: no sé, por ejemplo, centros cívicos o polideportivos, cines, teatros o museos.
 
Permítame una última pregunta. ¿Cree que un alcalde debe tener necesariamente formación política?
Creo que alguien que se presente a alcalde sí, debe tener una formación. La realidad, sin embargo, es que, el principio de la democracia hace que pueda ser alcalde todo el que quiera. Pero no hay que olvidar que cuando alguien es alcalde, de entrada, no es un profesional de la gestión pública ni de ninguna de las áreas. Es alguien que recoge un resultado popular y deberá orientar la política municipal en la dirección de los que la han votado.
 
Y por tanto, debería estar rodeado de un buen gestor
Efectivamente. Lo más importante es que detrás del alcalde tiene que haber un equipo de gestión que sepa que tiene entre manos y que puedan confiar entre ellos.