Ex-Alcalde de la Pobla de Claramunt

Jaume Armenteras i Soteras


“No soy muy ‘político’, yo: digo bastante lo que pienso”.

Lunes, 06 de Junio de 2011
La Pobla de Claramunt es un municipio de 18 km2 y 2.300 habitantes que está situado al sur de la comarca de la Anoia, en la provincia de Barcelona. Formado por varios barrios, a las dos bandas de los márgenes del río Anoia, su principal atractivo turístico es su famoso castillo, que data de la época de la Reconquista y que ha sido testigo de la evolución histórica de este pueblecito, la principal industria ha sido la papelera. Hoy hablamos con el que había sido Alcalde durante 23 años.
“Si tienes que hacer oposición, no tiene que ser destructiva. Si el alcalde propone hacer una obra y está bien, no hay que decir que está mal porque lo propone el alcalde, puedes añadir elementos, enriquecerla”.
 
“La política municipal se tiene que vivir con intensidad, sea cual sea la posición que ocupes. Lo más importante es que lo vivas, que te sientas partícipe de que haces cosas por tu municipio. Y evidentemente, lo tienes que hacer con ganas”.
 
“Antes la gente se ponía en política de manera más desinteresada, sobre todo en los primeros años de la transición. Ahora se trabaja más por el interés de un partido, y las campañas electorales van de cara a ganar las elecciones”.
Usted ha consagrado toda su vida a la política
Pues sí. Fui alcalde durante 23 años y otros 4 más estuve como cabeza de la oposición. También fui 12 años Diputado Provincial en la comarca de Anoia y políticamente fui presidente del partido durante bastantes años.

Y antes de la política, ¿a qué se había dedicado?

Tenía una empresa de instalaciones eléctricas: fontanería y gas, pero siempre había tenido inquietudes por las cosas del pueblo, y había sido miembro en la comisión de fiestas, para salir adelante también una biblioteca popular. Eso sí: nunca había pensado en ningún partido. Pero un día me vinieron a buscar y me propusieron encabezar la lista de Convergencia. Después de pensármelo mucho, acepté.

¿Y cómo fue?

Nos apalearon (risas). Pero aquellos años fueron muy provechosos, de una oposición no simbólica, trabajando, leyendo los presupuestos, los informes, presentando alternativas...

Desde la oposición también se puede trabajar, por el gobierno

Efectivamente. Mire, a mí el poder por el poder no me ha preocupado nunca demasiado. Yo soy de las personas que cuando pierdo, sí, me enfado, pero después pienso y digo “a la próxima nos veremos”. Y a trabajar, a trabajar. Y así fue.

Y ganó las siguientes elecciones

Pienso que si tienes que hacer oposición, no tiene que ser destructiva. Si el alcalde propone hacer una obra y está bien, no hay que decir que está mal porque lo propone el alcalde, puedes añadir elementos, enriquecerla. Además se tienen que presentar propuestas o alternativas y las tienes que defender, aunque después te digan que no.

Por lo que me han dicho, aun estando en la oposición, vivía con mucha intensidad el momento. Presentaba propuestas y se lo tomaba todo con ilusión
Es que la política municipal pienso que tendría que ser esto, sea la posición que ocupes. Lo más importante es que lo vivas, que te sientas partícipe de que haces cosas por tu municipio. Y evidentemente, lo tienes que hacer con empuje.

¿Cuáles son los mejores recuerdos que guarda de su paso por el Ayuntamiento?
El equipo que tenía, sin duda. Siempre hay pequeños problemas, pero éramos personas muy trabajadoras. Ahora por ejemplo, recuerdo que trabajé con una regidora que diría que ha sido de las personas que más ha trabajado por la cultura, y ahora es profesora de un instituto. A ella le gustaba la cultura, y juntos montamos una estructura cultural que para un pueblo de 1600 habitantes, tener una biblioteca pública, instalaciones, equipamiento cultural, sala de jóvenes... pues estaba muy bien. Entre otros cosas, porque hablamos de hace veinte años. Además, restauramos un castillo que tenemos, y esto dio mucha vida en el pueblo. Éramos el primer ayuntamiento que teníamos un edificio propiedad de la Generalitat pero que lo gestionaba el Ayuntamiento.

Al estar tanto en política, debía de sacrificar parte del tiempo que debía de pasar con su familia.

Es inevitable, y mi mujer estaba un poco aburrida, la verdad. A pesar de que si no hubiera sido por ella, no hubiera sido lo mismo. Me esperaba para cenar y ¡a veces llegaba a casa a las dos de la madrugada! Lo cierto es que me ayudó mucho.

Con los años que estuvo a la política municipal, ¿qué cree que ha cambiado respecto al que se hace ahora?

Todo ha cambiado mucho. Lo que pasa es que quizás antes se notaba menos que alguien iba a un pueblo sólo para ganar las elecciones. Ahora ya la política se hace para cuatro años, es decir, se tienen que hacer las cosas pensando que el último año ya se tiene que empezar a recoger.

¿Y antes no era así?

Quizás antes la gente se ponía en política de manera más desinteresada, sobre todo en los primeros años de la transición. Ahora se trabaja más por el interés de un partido, y las campañas electorales van de cara a ganar las elecciones. Todos quieren ser alcaldes. Además, ahora el número de gente que trabaja en el ayuntamiento ha aumentado considerablemente, y en muchos pueblos el número de habitantes se ha mantenido, cosa que no se acaba de entender.

Cierto. En muchos lugares, es la empresa más grande del municipio.
Y este es un problema. Forma parte un poco del intervencionismo que hemos tenido en estos últimos años y que a veces hace que vivamos situaciones como muy estrambóticas. No sé, alguien que ha ocupado cargos importantes en la vida y que se le ofrece la posibilidad de ser el presidente de la gente mayor del pueblo, y el ayuntamiento le ofrece “asesoramiento”, lo encuentro un poco absurdo. Una persona jubilada no tiene porque ser un inútil.

Pues la riqueza del tejido social y cultural de un municipio es aquel que funciona independientemente del Ayuntamiento, ¿no?

Si, y en nuestro caso, prácticamente se ha extinguido. Mire, cuando entré de Alcalde, había una asociación, “Los amigos de La Puebla”, que en el fondo eran los enemigos de una empresa determinada. La gente trabajaba, se reunía, presentaba cosas en contra del Ayuntamiento, que evidentemente no la podía cerrar. Propuse una alternativa: crear un polígono industrial. Aceite en una luz. Funcionó bien, creó puestos de trabajo y es un ejemplo de cómo de un montón de ideas diferentes puede salir una idea que nos enriquezca a todos.

Después de 23 años como Alcalde, ¿cree que hay vida después de la política local?

Si haces depender todo eso que haces, no. Y esto es malo, porque tienes que ser consciente de que tu tiempo ha acabado. Yo, por ejemplo, cuando dejé la política el único cargo que me mantuvieron fue que estaba a la Administración de FGC, y me estuve unos tres años más, hasta que el Alcalde de Igualada pidió la plaza y decidí irme.

¿Y ahora? ¿A qué se dedica?

Pues a la fotografía que desde joven me había gustado mucho. Habíamos hecho concursos, era socio de la fotográfica de Igualada pero con la política lo dejé. Y ahora me lo he vuelto a tomar seriamente.

A la vista de la experiencia acumulada, ¿cómo ve la crisis? ¿Y qué papel tiene que hacer el sector público?

Pienso que las administraciones se tienen que volver a adelgazar y ponerse al nivel de los tiempos que estamos corriendo. Nosotros entramos cuando había muy poco dinero e ingresos, y pese a la precariedad, las administraciones fueron funcionando. Así que todo lo que se ha hinchado tiene que volverse a adelgazar. Y evidentemente, sin dejar lo que es importante fuera: las cosas básicas no se pueden dejar.

¿Cree que el actual gobierno de la Generalitat es bastante claro a la hora de explicar como se ha encontrado las finanzas?

Yo no me meto demasiado, porque yo también entré al Ayuntamiento y lo intenté resolver sin hacer demasiada propaganda. Pusimos las cosas en orden con la oposición. Ahora, creo que hemos cometido un error en este país: si los que está haciendo Convergencia lo hicieran los socialistas, no tendríamos los sindicatos en el Parlamento. Amenazarían, pero no estarían en la calle. Y pienso que hace falta valor para tomar decisiones importantes, por difíciles que puedan ser.

Ahora que ya hemos pasado las municipales, ¿qué piensa que pasará?

Pues mira, seguiremos sin el dinero que nos corresponde, teniendo en cuenta que no hay que gastar más de lo que corresponde, cosa que estos últimos años la cosa no ha ido así, porque los ingresos han sido por debajo de los gastos. Mire, yo sólo recuerdo una vez que pedimos contribuciones en el pueblo: fue durante los cuatro primeros años, y para hacer una obra pública. Los otros veinte años no pedimos ninguna. Lo fue pagando entre el Ayuntamiento y las subvenciones que íbamos recibiendo. ¡Y cambiamos todo el pueblo!