Ex-Alcalde de Tàrrega

Frederic Giné Ripoll

“Hay que recuperar la conexión de los gobernantes con el pueblo”.

“El peor que ha pasado es la desconexión que hay entre el pueblo y quienes gobiernan. Y esto es grave porque cuando se pierde este grado de conexión que se tiene que tener, resulta difícil recuperarlo”.

Lunes, 20 de Junio de 2011
Conocida a nivel internacional por una Feria del Teatro que este año celebra su 30º aniversario, esta capital de la comarca del Urgell tiene muchos motivos para estar orgullosa de su historia y su patrimonio. Con una superficie de cerca de 90 km2 que aloja poco más de 18.000 habitantes, Tàrrega remonta sus orígenes a mediados del siglo XI, cuando el conde barcelonés Ramón Berenguer Y conquistó el castillo targarino. Hoy, el sector de servicios es la principal actividad económica de la ciudad, y quien mejor que una persona que representó el municipio durante doce años para que nos hable.

“Lo peor que ha pasado es la desconexión que hay entre el pueblo y quienes gobiernan. Y esto es grave porque cuando se pierde este grado de conexión que se tiene que tener, resulta difícil recuperarlo”.

“La gente se cree que no pero, por supuesto que hay vida después de la política. Mi mundo ahora es el casal de abuelos, de dónde soy el presidente de la asociación. Está el tema del huerto, que te hace sentir más libre, que te da el sol, el aire... está la familia”.

“No tengo la receta para solucionar la crisis, está claro, pero sí que creo que sin esfuerzo, sin valorar el ahorro, sin estirar el brazo más que la manga, no saldremos. Esto está más que claro”.
 

Esta entrevista pretende revisar sus años como Alcalde. Pero antes de serlo, ¿a qué se dedicaba?
Era catedrático de instituto, de historia, ahora estoy jubilado. Ya ve que el trabajo no invitaba precisamente a dedicarme a la política. Pero entonces fue por toda una serie de factores que poco a poca me fui acercando: los amigos, los compañeros, las relaciones que se van haciendo... y después, está claro, el firme convencimiento de querer colaborar para que las cosas fueran algo mejor.

¿De qué hechos guarda mejor recuerdo de su paso por el Ayuntamiento?

Ahora parecerá curioso, pero el que recuerdo con más estima es la gran cantidad de compras que llegamos a hacer. Tuvimos ocasión de comprar, con en Jaume Oligué, un excelente colaborador, muchas parcelas, muchas fincas, edificios también, que después nos han dado la posibilidad de poder construir nuevos equipamientos municipales. Hubo una época en que esto se podía hacer. Ahora sería impensable.

Las cosas han cambiado mucho
Sí, ahora la cosa la veo muy diferente, se ha gastado más de la cuenta y nos hemos quedado todos pelados. Nosotros antes teníamos crédito y no queríamos pedir todo el que habríamos podido, porque éramos muy conservadores en este aspecto, pero no está mal, lo que llegamos a gastar.

Para hacer muchas cosas, está claro

Sí, pero en los últimos años no se ha actuado así. Y ahora resulta que además de tener una gran cantidad de dinero se ha gastado mucho más del que se podía. ¿Sabe usted cuál es la deuda del Ayuntamiento de Tàrrega? El 31 de diciembre del año pasado, subía cerca de 22 millones de Euros. Y en una población que no llega a 20.000 habitantes, esto es una absoluta exageración. Cuando estábamos nosotros, nos criticábamos cuando llegábamos al 110%. Ahora estamos al 130 o 150%, un disparate.

Entonces ¿no cree que sea natural que en muchos pueblos o ciudades, la primera empresa sea el Ayuntamiento?

No, está claro que no. Esto es un hecho absolutamente aberrante. En estos ocho años el Ayuntamiento de Tàrrega ha aumentado en 105 personas más. ¡Son más de 300 personas trabajando en un municipio que no llega a los 20.000!

¿Qué piensa que ha mejorado y empeorado desde que usted no gobierna?

Pienso que lo peor que ha pasado es la desconexión que hay entre el pueblo y quienes gobiernan. Y esto es grave porque cuando se pierde este grado de conexión que se tiene que tener, resulta difícil recuperarlo. Y además, es de las cosas buenas que tiene el vivir en un pueblo, está claro.

En los años en qué gobernó, ¿tuvo que sacrificar mucho la familia por la política?

Cuando lo miras con perspectiva, pienso que no, la verdad. Uno no acaba de ser consciente del trabajo que tiene hasta que lo deja. Ahora, por ejemplo, estoy haciendo cosas que no me podía imaginar que las haría.

¿Algún ejemplo?

Pues preparar el almuerzo por todo el mundo cuando me levanto: hijos, mujer, abuelos, para mí... esto no lo había podido hacer nunca y ahora lo hago cada día. También tengo tiempo para dedicarme a otras cosas que siempre me habían gustado, como los trabajos manuales: restaurar muebles o ir al huerto, o acompañar a mi suegro al Ateneo, que tiene 96 años, por cierto. Cosas como estas, por ejemplo.

¿Y no mira atrás?

Es inevitable, y por eso también hace ilusión haber podido trabajar por la población, por los ciudadanos. Esto siempre te trae recuerdos agradables, está claro. Pero también ha influido la pareja. Yo creo que he tenido una mujer con mucha paciencia, en este sentido.

Dicen que la política es muy traidora. ¿Cuántos amigos de verdad ganó con la política y cuántos perdiste?

Mire, mi caso es muy curioso. Los amigos que tenía antes de entrar en política, por diferentes razones y divergencias, hoy no lo son y seguro que por mi culpa. En este sentido fui muy estricto, y nunca acepté de nadie y menos de yo mismo, que pudiera hacer algo que la ley no permitiera. Y esto no sólo fue con los amigos. Podría decir que entré con una situación económica determinada, y puedo asegurar que salí peor.

¿Y por qué lo dejó?
Entre otras cosas, porque ya estaba cansado. Perdí las elecciones, de acuerdo, pero sólo por un margen de 30 votos. Y esto provocó que se formara un tripartito. Y también había un tema de salud, pero el caso es que estas circunstancias unidas obligaron a tomar esta decisión que la tendría que haber tomado en el momento que no salí alcalde, y me equivoqué. Tenía que haber terminado el primer día, no al cabo de dos años.

Y usted que estuvo doce años de Alcalde, ¿hay vida después de la política?

¡Por supuesto! Mi mundo ahora es el casal de abuelos, de dónde soy el presidente de la asociación. Está el tema del huerto, que te hace sentir más libre, que te da el sol, el aire... está la familia. Hay mundo, a mí me faltan horas, se lo aseguro.

Y desde esta perspectiva, ¿cómo ve la crisis?

¡Vaya preguntas que hacéis! Quizás deberíais preguntar a alguien más preparado que yo. No lo sé, la verdad, pero sí que creo que sin esfuerzo, sin valorar el ahorro, sin estirar el brazo más que la manga, no saldremos. Yo en mi casa, por ejemplo, he tenido que recortar, y seriamente. Tengo cuatro hijos y los cuatro con carrera universitaria, y sé lo que cuesta todo esto. Dos de ellos han estado un año en Inglaterra y otro medio año en Australia. Y lo he tenido que pagar de mi bolsillo.

¿Qué cree que necesitan las administraciones para reactivar el país? ¿Ponérselo fácil a la administrado? ¿Simplificar trámites? ¿Reducir el gasto y los funcionarios? ¿Bajar los impuestos? ¿Decir la verdad y afrontar los problemas?
Pues sí. Esto y de verdad. Pero pienso que bajar impuestos yo no sé si lo podremos hacer, porque ¿cómo lo devolveremos todo esto? Además damos una serie de servicios que hasta hace poco no se daban y la gente, cuando dan un servicio estamos acostumbrados a que es gratuito pero se tiene que pagar.

Lo veo preocupado

Es que no sé como saldrán, las cosas. La gente que se ha presentado a las elecciones municipales en el caso de Tàrrega los admiro, porque se encontrarán en situaciones impensables. Para mí algunos no son conscientes de lo que se encontrarán, y ojala estuviera equivocado. Por lo tanto, quizás tienen que hacer cosas que nunca se habían pensado que tendrían que hacerlas.