Lunes, 14 de Marzo de 2011

El discurso de las tijeras
 

El largo discurso de las tijeras se está convirtiendo en el discurso del miedo. Su reiteración enfática a todos los niveles oficiales parece más una competición que una convicción. Uno ‘ahora toca decir esto’, por consigna o para protegerse delante de la situación que hay o que está por venir, que una auténtica terapia para preparar la remontada económica. Devastador.

Falta el discurso del aliciente, basado en objetivos claros, concretos y posibles, que movilice iniciativas, energías y recursos. Objetivos de ahorro para sanear cuentas que permitan nuevos proyectos realistas. Objetivos de captar capitales de fuera – o de debajo de las piedras- para estos proyectos inmediatos o futuros. Objetivos de exportación de bienes y servicios, en forma de productos manufacturados competitivos o de servicio del conocimiento (tecnológicos, profesionales, colaboración, etc.) o de la gran industria del turismo, por ejemplo.

Y falta el discurso de que el paro no se arregla inventando puestos artificiales de trabajo, sino dinamizando una economía productiva con empresas sólidas y con futuro. El paro no es por falta de puestos de trabajo, sino por falta de actividad económica que genere esos puestos. La ocupación virtual puede servir momentáneamente de colchón para los casos extremos, pero es un lastre para salir de la crisis. Es necesario no confundir términos.

El discurso de las tijeras –tanto el que se ha instalado Zapatero, así como el que atenaza Artur Mas- puede ser necesario durante un tiempo determinado, pero acaba transmitiendo pesimismo y contagiando el desánimo en la sociedad. El discurso de los recortes, si no está muy bien acotado en el terreno y en el tiempo, se convierte en el discurso del miedo paralizante. Y lo que urge ahora, más que discursos, son alicientes y actuaciones dinamizadoras.

Wifredo Espina